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Arquitectos mexicanos, diez décadas de arquitectura

En una de nuestras entregas anteriores hablamos de la arquitectura moderna en el mundo. Entonces mencionamos obras de la década de los 20 de Mies van der Rohe y de Le Corbusier. Vamos a remontarnos a esa época para encontrar a los diez arquitectos mexicanos emblemáticos de los últimos cien años, representados por una de sus obras.

 

Grandes obras de arquitectos mexicanos

Los años veinte

Carlos Obregón Santacilia y el Departamento de Salubridad

En un México afrancesado, donde la arquitectura importante era dirigida por extranjeros y emulaba las construcciones europeas, Carlos Obregón fue de los primeros en darnos una voz propia.

El edificio de 1925 situado en Paseo de la Reforma y Avenida Chapultepec, destinado a la después llamada Secretaría de Salubridad y Asistencia, inauguró de cierto modo la arquitectura mexicana; incluyó, como se acostumbraba en el art déco, obras de artistas plásticos: Rivera, Villaseñor, y Centurión.

El espíritu expresado por Vasconcelos en La Raza Cósmica tomaba cuerpo: “buscar el desarrollo de los rasgos autóctonos de nuestro temperamento para realizar una civilización que ya no fuera copia de lo europeo, sino una emancipación espiritual como corolario de la emancipación política”.

 

Los treinta

Juan O’Gorman y las casas gemelas para Diego y Frida

Pero había que ser más drástico en la revolución cultural. Y si hubo una obra iconoclasta en la historia de nuestra arquitectura, es la casa-estudio para Kahlo y Rivera construida a principios de los años treinta.

Uno de los primeros edificios estrictamente funcionalistas en el continente y, al mismo tiempo, uno profundamente mexicano. La lección corbusiana había sido asimilada.

Entre el trabajo de los grandres arquitectos mexicanos, esta obra fue declarada Monumento Artístico en 1998, y se puede visitar en el barrio de San Ángel de la Ciudad de México.

Los años cuarenta

Mario Pani: el Multifamiliar Miguel Alemán

Le Corbusier también tenía mucho que decir sobre la macro escala; sin embargo, antes de que él construyera el afamado multifamiliar de Marsella, y cuatro veces más grande que aquél, Mario Pani concluyó el Multifamiliar Miguel Alemán.

Nueve edificios de trece pisos y seis de tres se desplantan sólo sobre una quinta parte del terreno aloja 1080 departamentos además de espacios para comercio, servicios, y un jardín de niños.

Para desarrollarlo y construirlo se formó ICA, que sería durante décadas la gran constructora de México que trabajaría con destacados arquitectos mexicanos.

 

Los cincuenta

Enrique del Moral y el Mercado de La Merced

La modernidad bien instalada y ejercida por autores talentosos, que además se dedicaban a la academia y la formación de jóvenes arquitectos mexicanos. Enrique del Moral fue uno de ellos.

El mercado de La Merced (1957), el más grande de la ciudad en sus días, cubría una superficie de 8 hectáreas, alojaba 6000 puestos, tenía lugar para aparcar 400 camiones y un área de carga y descarga para otros 140, albergaba un auditorio, 8 guarderías para un total de 1500 niños, baños públicos con 300 cabinas, y se construyó con cascarones de concreto de grandes claros en sólo 8 meses.

 

Los sesenta

El Museo de Antropología e Historia, de Pedro Ramírez Vázquez

Pedro Ramírez Vázquez es el arquitecto de las grandes instituciones de un México que se había asentado y que progresaba: la nueva Basílica de Guadalupe, el Estadio Azteca, el Museo Nacional de Antropología se convirtieron en verdaderos símbolos de la nación.

El Museo, en palabras del presidente Adolfo López Mateos, debía ser un lugar en el que “los mexicanos al salir de él, salieran orgullosos de ser mexicanos”.

Ahí se narra la herencia y la historia de México, pero el discurso debía comenzar en el edificio: una gran plaza, al modo mesoamericano, pero cubierta, ésta, por el gran paraguas de una sola columna, y un conjunto de volúmenes independientes que daban lugar a ese centro, a ese espacio abierto.

Casi sesenta años después, su arquitectura sigue vigente, hablando al presente con majestuosa dignidad.

 

Los setenta

Agustín Hernández Navarro y su Casa-Taller

En paralelo al progreso de la arquitectura institucional evolucionó el lado más privado, incluso experimental del oficio. Y a pesar de que aquellos a quienes podríamos llamar “arquitectos del Estado” hicieron sus excursos, fueron otros quienes se regodearon en otra escala y otras necesidades que les permitieron una experimentación más… expresiva. 

Uno de ellos es Agustín Hernández, un arquitecto que también encontró material para su pensamiento y su plástica en la arquitectura del México prehispánico, reconocible en sus obras.

Una de las iniciales y más audaces es su propia casa y oficina, casi masiva, casi brutalista, pero finamente erigida.

 

Los ochenta

Carlos Mijares Bracho y la Capilla del Panteón de Jungapeo

Don Carlos Mijares fue otro de los arquitectos que con el tiempo se hizo solitario; separado de la prisa del mundo, pero siempre un maestro para quienes lo rodearon.

Si Barragán y Cetto habían arraigado la modernidad a la cultura mexicana, Mijares renegó de ella en el mejor sentido: exigía -y creó- una arquitectura más sensible y más evocadora, decididamente poética. 

Como un Louis I. Kahn de nuestras latitudes, Mijares consagró los elementos arquitectónicos, consagró los materiales, y consagró la luz a una obra compleja artísticamente, solemne, casi mística… Y al mismo tiempo estrictamente práctica; diseñada de la mano de sus artífices.

En la Capilla del Pantéon de Jungapeo, en Hidalgo, con el ladrillo se construyen muros, torres, bóvedas, y también sus detalles: molduras, arcos, plataformas.

Y el entrelazado de geometrías simples provoca espacios y secuencias que provocan una experiencia arquitectónica completa.

 

Los noventa

El Plan Maestro y algunos edificios del Centro Nacional de las Artes, por Ricardo Legorreta Vilichis

Ricardo Legorreta fue un arquitecto que supo explotar y difundir la estética barraganista por todo el país hasta convertirla en un “estilo mexicano”.

Sin embargo, más allá del color y la solidez como aspectos del diseño, en Legorreta hubo un sincero interés por construir a favor de la persona y su experiencia del espacio tanto abierto como cerrado, público como privado.

En su plan maestro del Centro Nacional de las Artes -uno de los grandes proyectos salinistas- esta deleitante arquitectura accesible a todos los ciudadanos triunfó de manera rotunda.

Cincuenta años después, el CENART se sumó a Ciudad Universitaria como un gran conjunto que excede con creces su uso principal y se convierte en un enclave favorito de la gente.

 

Arquitectos mexicanos y el cambio de siglo

Alberto Kalach: La Biblioteca Vasconcelos. 

Un nuevo Gobierno pretende reafirmarse con grandes proyectos; aunque no estuvo a tiempo, la Biblioteca Vasconcelos fue una de las empresas ambiciosas de la primera administración federal alternativa. Y el proyecto es ejemplar: para su elección se convocó a un concurso internacional que contó con importantes participantes.

Un gran corte en perspectiva mostraba la genialidad de la propuesta, y le consiguió a Kalach y su equipo el encargo: una biblioteca de acero colgada y un jardín botánico, juntos, transparentes, confrontados.

La Biblioteca Vasconcelos es el proyecto más conocido del arquitecto mexicano vivo que reúne más talento y experiencia.


Del 2010 al 2019

Rosana Montiel y su Vivienda en San Mateo del Mar.

Como en todos los aspectos de la vida, abrirse camino en un mundo dominado con celo por hombres ha sido una tarea ardua para las arquitectas.

De 44 laureados con el Pritzker, sólo 6 son mujeres; la primera en recibirlo fue Zaha Hadid, apenas en el 2004; todas las demás ganadoras lo han compartido.

Estamos conscientes de la desigualdad de oportunidades, pero confiamos en un futuro más equitativo; es por ello que hemos reservado la mención de la última década concluida a una de las arquitectas mexicanas más sobresalientes.

También es intencional la elección de una pequeña obra suya, ofrecida a sus dueños en un ambiente rural y marginal como un servicio social, porque si bien es verdad que hay arquitectos, hombres, magnánimos, lo cierto es que encontramos más virtudes como ésa entre mujeres.

No queremos decir con ello que ahí radique el valor arquitectónico de su obra; pretendemos reconocer la buena arquitectura sin importar quién la crea; y la casa en San Mateo del Mar, Oaxaca es sin duda arquitectura de la buena.

La casa se encuentra en un ambiente expuesto a terremotos, ciclones, y altas temperaturas. Por ello, además de construirse sobre pilotes y con materiales flexibles, frescos, y ligeros fue circundada de vegetación. Su diseño modular, capaz de crecer, además resulta sugerente y atractivo.

Esperemos de esta década incipiente una arquitectura mexicana prolífica pero sobre todo sincera, responsable, diseñada con cariño, con oficio, y construida con rigor y honestidad.

Ahora conoces más sobre el trabajo de algunos talentosos y reconocidos arquitectos mexicanos, ¿cuál es tu favorito?

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